En este año, como Familia Josefina, nos queremos unir al deseo del Papa Francisco de abrir puertas a la Misericordia. Una misericordia activa, tan necesaria en nuestra vida personal y en este mundo nuestro tan herido. Una misericordia auténtica, que nace del corazón de Dios, que tiene la capacidad de contagiarse cuando nos sentimos queridos, acogidos, perdonados... 

 

Te presentamos a Leticia, la niña que nos sonríe desde detrás de la puerta. Pertenece al Grupo Nazaret de Douala (Camerún). Su gesto y su mirada acompañan un mensaje muy especial para todos nosotros. 

 

Ciertamente, es Dios quien abre la puerta de la misericordia, pero tiene sus mediaciones. Y hay circunstancias, gestos, personas… generalmente personas sencillas… como Leticia… que nos animan a entrar… ¡Ojala estemos muy atentos para reconocerlas! 

 

Y ojalá también nosotros sepamos estar a punto, prestos a “abrir la puerta”, para convertirnos en mediadores de su misericordia.

Caminar... Echar a correr... Encontrarse con otros... Superar obstáculos... Admirarse con los paisajes, los acontecimientos, las personas... Apretar el paso... 


Detenerse junto a la orilla, descalzarse, disfrutar de la brisa, del horizonte...

Echar a volar la imaginación, los deseos... 


Reconocer lo que, en el fondo, te conmueve... Lo que te llena de alegría o de dolor. 

Volver a calzarse... Volver a caminar... 


La vida es como un camino. No es una idea nueva, ¿verdad? 

Lo que puede ser nuevo es que en ese camino (o en un necesario descanso), te animes a hacerte preguntas: ¿hacia dónde...? ¿con quién...? ¿para quién...? ¿por quién...? 


Lo que todavía sería más nuevo... es que todas esas preguntas te las hicieras en compañía de Dios. 

¿Lo has pensado? 


La vocación... tu vocación... nace en el corazón de Dios. 


No tengas miedo a las preguntas. Lo mejor del camino está por llegar. 



Por sencillo y cotidiano que sea, queremos descubrir el trabajo como un espacio creador, en el que no sólo producimos algo material, sino que también creamos y recreamos relaciones, equipo, comunicación, actitudes…

 

Cada niño, cada joven es portador de una “chispita” de la creatividad de nuestro Dios, que no sólo nos ha creado únicos e irrepetibles, sino que mantiene en cada uno su dinamismo creador, animando cualidades y posibilidades, colores y matices personales que pueden iluminar nuestro mundo.

 

Y aquello que llamamos vocación… ¿no comienza por ser esta llamada de Dios a la vida, al servicio a los demás, a dar lo mejor de nosotros mismos? Descubrirlo puede ser una aventura genial.

 

¿Estás listo para seguir creando? ¡Adelante! Mucha gente espera mucho de ti...

 

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